Academia de desarrolladores de aplicaciones, fuera de lo común

Aprender en la universidad laica y estatal más antigua del mundo uno de los oficios del futuro. Esto es precisamente lo que hacen los estudiantes de la Academia de Desarrolladores de aplicaciones de iOS, en La Universidad Federico II de Nápoles, fundada en 1224. Desde 2016, alrededor de 400 estudiantes reciben una capacitación de un año. Respaldada por Apple, la iniciativa, en la que cooperan el sector público y el privado, cuenta, asimismo, con el apoyo de las instituciones nacionales, locales y con el de la Política de Cohesión de la Unión Europea.

Los estudiantes trabajan en casos prácticos y por grupos. Cada semana presentan sus proyectos en modo “concurso”, delante de los demás. Moritz Philip Recke, mentor de la Academia de Desarrolladores explica que “el principal beneficio de la metodología “Challenge Based Learning”, que estamos utilizando aquí, es que los estudiantes trabajando en problemas reales. Y me refiero a que son reales para ellos, pero además son problemas que existen verdaderamente en el mundo.

Libertad absoluta en las tareas, no hay clases ni notas

El abanico de aplicaciones en las que trabajan es vasto. Abarca desde cuestiones médicas, pasando por juegos o servicios. El plan de estudios está centrado en la programación y la creación de aplicaciones, pero la libertad es absoluta, no hay clases, no hay cursos. La colaboración multidisciplinar es la clave.

 

Roberta Milano, estudiante explica la metodología: “La forma de trabajar que tenemos aquí en la academia se basa en pequeños desafíos. Uno nunca tiene la sensación de ganar o perder. Somos los propios estudiantes los que votamos por los proyectos que más nos gustan tras las presentaciones, motivandolos y basándolos en criterios realistas.”

La misión de los profesores es animarles a potenciar el enfoque colaborativo. Trabajan unos con otros para resolver problemas técnicos y cada cual aporta su saber.

 

Louis Hon, también es estudiante, en un día normal, dice, “hablas con los demás, investigas por tu cuenta e intentas dar con lo que puede resultar mejor para tu grupo, para tí y para tu aplicación”. Los estudiantes seleccionados vienen de todos los continentes y no hay que ser especialista en “coding” para ser admitido. Gioirgio Ventre, director de esta academia, explica que “uno de los aspectos en los que insistimos fue que no queríamos crear una escuela para nerds o geeks fascinados por la informática. Estos estudiantes reflejan la realidad de Europa y del mundo, hoy en día, y esto nos permite proponer y adaptar las oportunidades de formación, de acuerdo con su forma de ser”.

Cuando terminan su capacitación los estudiantes son capaces de lidiar con todos los aspectos ligados al diseño, desarrollo y configuración de una aplicación. Sin embargo, incluso en un contexto de alta tecnología, el factor humano es clave en el proceso de aprendizaje. Francini Carvalho, una de las mentoras comenta que intentan “hacer con los estudiantes otro tipo de actividades con el fin de que puedan aprender mientras se ejercitan. Están en un marco en el que cometer fallos no es un problema porque nos tienen a nosotros para ayudarles, para guiarles y para que desarrollen un pensamiento propio”.

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